Artículo: El gigante gentil del Mar de Cortés: la temporada del tiburón ballena en La Paz acaba de comenzar

El gigante gentil del Mar de Cortés: la temporada del tiburón ballena en La Paz acaba de comenzar
Estás flotando en aguas de un azul imposible, a poco menos de dos kilómetros de la costa de La Paz. El guía, de pie sobre la proa con sus gafas de sol, señala algo al frente. No ves nada todavía. Entonces, a menos de un metro por debajo de tu cuerpo, aparece una forma. Una sombra enorme, moteada de blanco, que avanza con la parsimonia soberana de quien sabe que no tiene depredadores en este mundo. El pez más grande del planeta acaba de llegar.
No es un tiburón blanco. No ataca. No muestra dientes. El Rhincodon typus —el tiburón ballena— es un filtrador gigantesco que se alimenta de plancton y krill, y lo que siente el nadador que se desliza a su lado es exactamente lo contrario al miedo: algo parecido al privilegio.
El pasado primero de junio, con la puntualidad de quien honra un compromiso anual, la Bahía de La Paz abrió oficialmente su temporada de avistamiento. Hasta el 15 de diciembre, este rincón del Mar de Cortés se convierte en uno de los pocos lugares del mundo donde nadar junto a estos animales es posible, legal y accesible.
El pez que parece imposible
Diez metros. Ese es el promedio de longitud de un tiburón ballena adulto, aunque los ejemplares más viejos pueden alcanzar los catorce. Pesan entre diez y veinte toneladas. Su boca, que puede abrirse hasta metro y medio de ancho, está equipada con tres mil dientes diminutos que no usa para morder sino para filtrar el agua. Sus manchas blancas son únicas en cada individuo —como huellas dactilares— y los investigadores del programa Whale Shark México las utilizan para identificar y catalogar a cada animal que visita la bahía.
La temporada 2024-2025 registró 508 avistamientos correspondientes a 76 individuos identificados, 36 de ellos nuevos. Estos números hablan de una población estable en un mar que históricamente ha sufrido la presión de la pesca intensiva y el tráfico marítimo.
La Paz, epicentro de un encuentro irrepetible
No es casualidad que sea La Paz y no otro punto del Pacífico mexicano el lugar donde esta experiencia está mejor organizada. La bahía ofrece condiciones únicas: aguas tranquilas, visibilidad de entre cinco y doce metros en temporada, y la cercanía de El Bajo —un monte submarino a unos veinte kilómetros al sureste de la ciudad— donde convergen corrientes ricas en nutrientes que atraen a los tiburones ballena con una regularidad casi matemática.
Las excursiones salen desde el malecón de La Paz en botes medianos de seis a diez pasajeros. El protocolo es estricto: máximo ocho personas en el agua simultáneamente, ninguna aleta de buceo durante el snorkel activo junto al animal, prohibido tocar bajo cualquier circunstancia.
El mar que Steinbeck no pudo olvidar
En marzo de 1940, John Steinbeck y su amigo el biólogo marino Ed Ricketts partieron desde Monterey, California, a bordo del Western Flyer con rumbo al Golfo de California. Lo que Steinbeck escribió a su regreso quedó plasmado en The Log from the Sea of Cortez: un libro que es parte diario científico, parte filosofía, y parte declaración de amor a un mar que el escritor describió como el lugar donde la vida es tan densa que el agua misma parece sólida.
Ochenta y seis años después, el Mar de Cortés —declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005— sigue siendo exactamente lo que Steinbeck intuyó: el mar biológicamente más diverso del planeta. Jacques Cousteau lo llamó el acuario del mundo. Y cada primero de junio, cuando los tiburones ballena regresan a la bahía de La Paz, esa afirmación vuelve a ser completamente literal. Las rayas mobula que llenan el Canal de Cerralvo cada junio son otra prueba del mismo argumento.
La temporada que acaba de abrirse
Junio es el mes del umbral. Las aguas de la bahía alcanzan los 23-25 grados centígrados, el plancton prolifera con la luz alargada del verano, y los tiburones ballena comienzan a aparecer cerca de la superficie. Las condiciones de visibilidad son buenas aunque no las máximas del año; éstas llegan en septiembre y octubre, cuando el agua alcanza los 29 grados y se vuelve de una transparencia casi irreal.
Para quienes planean el viaje en las próximas semanas: la mañana temprana, entre las siete y las diez, ofrece la mejor luz y los mares más calmos. Junio tiene algo que se pierde más adelante en el año: menos gente, tours con grupos pequeños, y esa sensación de que el secreto todavía no está completamente desbordado.
Lo que necesitas llevar
Un traje de baño cómodo, gafas de snorkel y tubo —los operadores los proporcionan, pero llevar los propios siempre suma—, y bloqueador solar de fórmula mineral. La bahía de La Paz prohíbe los protectores químicos por reglamentación ambiental. Para este tipo de jornadas, la Pomada Surfera disponible en Saguaro cumple exactamente con esa exigencia: base de zinc mineral, sin químicos, diseñada para aguantar horas de sol y sal.
Para las jornadas de agua —el trayecto en bote incluido, con horas de sol sobre la cubierta y los cambios constantes entre el mar y el aire— la tela importa más de lo que se cree. Tanto ellas como ellos tienen opción en Saguaro: el Surf Suit de Marcee y el Snapper Hybrid Trunk de Katin están hechos para exactamente este tipo de días en Baja.
El tiburón ballena en tierra: la escultura del Malecón
Antes o después del tour en el agua, hay una parada obligada en el malecón de La Paz. A pocos metros del muelle turístico, frente al Callejón Ignacio Bañuelos Cabezud, una escultura de bronce de una tonelada emerge sobre su base de piedra con la vista hacia la bahía.
La obra es del escultor Octavio González y representa al tiburón ballena en vuelo horizontal, sostenido por un coral estilizado. No es una pose arbitraria: el animal parece nadar en el aire con la misma parsimonia soberana con la que lo hace a dos kilómetros de la costa. La pieza fue originalmente instalada en el malecón de Loreto, y trasladada a La Paz el 27 de septiembre de 2019 —Día Mundial del Turismo— como símbolo de la identidad marina de la capital del estado.
El traslado no fue arbitrario. La Bahía de La Paz es un Área de Refugio para la Protección del Tiburón Ballena con 22,749 hectáreas de superficie marina bajo protección oficial. La escultura de González, en ese contexto, no es decoración del paseo: es un recordatorio en bronce de la responsabilidad que esta ciudad asumió con el pez más grande del planeta.
Un encuentro que reordena las prioridades
Hay personas que lo describen con palabras distintas. Sobrecogedor dice uno. Sagrado dice otro. Pero todas coinciden en el efecto: nadar junto a un tiburón ballena te saca, por un momento, del orden habitual de las cosas. El animal no sabe que existes. Avanza siguiendo el plancton, indiferente y majestuoso, y tú flotas en su estela tratando de procesar lo que estás viendo.
La temporada está abierta. La Paz queda a hora y media de Todos Santos por carretera. Los tours salen cada mañana. Si hay un viaje que hacer este verano en Baja California Sur, es éste.
